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    A lo largo del día solemos experimentar varias emociones, hay momentos muy alegres, algunos de mucha energía, otros más tranquilos, hay ocasiones donde podemos entristecernos o sentirnos estresados. Toda emoción es buena y ocurre por medio de complejos procesos cerebrales. Sin embargo, ¿sabías que además de emocionalmente, los sentimientos tienen enormes impactos en la parte fisiológica de nuestro cuerpo y las afectan significativamente en los procesos sociales?

    Una de las muchas funciones del cerebro humano es interpretar e integrar las emociones. Este órgano cuenta con más de 80,000 millones de neuronas, de las cuales muchas se involucran en procesos emotivos. El cerebro cuenta con módulos especializados en iniciar, entender, categorizar, memorizar y atender las emociones. Las emociones son vitales para actuar rápidamente ante una situación, amplifican la memoria, modifican el estado de alerta y generan conductas que definen el estado de ánimo.

    Gracias a los avances en la tecnología, se ha podido conocer el circuito neuronal y fisiológico de las emociones. Estas respuestas se inician en el sistema límbico, en donde se encuentran estructuras neuronales cruciales para la memoria y el aprendizaje, como los ganglios basales, el hipocampo y el cerebelo, para luego proyectarse en la parte superior del cerebro.

    Las estructuras cerebrales en donde se inician las emociones están involucradas con otras funciones básicas del sistema nervioso central. La amígdala cerebral del sistema límbico, inicia el proceso emotivo casi de forma inmediata; es la que genera la conducta de recibir atención o manifestar enojo o asco. En paralelo se activa el área tegmental ventral y el núcleo accumbens, son dos núcleos cerebrales que liberan la dopamina.  Su liberación es lenta, gradual y con niveles de expectativas muy altos; las emociones se generan en función de obtener una recompensa, motivación, felicidad o llanto.

    Cuando el estímulo llega al hipocampo, se desarrolla una actividad eléctrica neuronal que incrementa la memoria y el aprendizaje, de esta forma la emoción ayuda a mejorar la atención y cognición, y a capturar detalles del entorno. Al estar más emocionado, se favorecen los procesos cognitivos de corto plazo. Cuando la emoción atrapa al cerebro, se incrementa la actividad de estructuras límbicas y disminuye la lógica; esto explica por qué cuanto más emocionados estemos, menos racionales y obedientes somos.

    La interpretación de las emociones sucede al activarse las neuronas espejo que se encuentran en giro del cíngulo; con ellas podemos copiar conductas y emociones, y entenderlas. Entre más emocionados estemos, se activa el hemisferio cerebral izquierdo, mientras que quien ve nuestra emoción, inicialmente activa su hemisferio derecho.

    La emoción dura más si otros neurotransmisores se involucran en el proceso que inició la dopamina. La noradrenalina incrementa la atención, la serotonina genera la obsesión y mejora la funcionalidad de las neuronas espejo, la b-endorfina favorece procesos adictivos y placenteros, la acetilcolina favorece el aprendizaje, el crecimiento neuronal e incrementa la proyección neuronal. Al mismo tiempo pueden estar involucradas las hormonas como el estrógeno o testosterona. El cortisol, hormona relacionada con el estrés y la ansiedad incrementa la función del hipocampo y el sistema límbico.

    No todas las emociones gastan la misma energía, por ejemplo, estar triste incrementa el consumo de glucosa y oxígeno, las neuronas gastan más ATP y se incrementa la respiración; esta emoción se limita rápidamente y al tranquilizarnos, tiende a darnos hambre.

    Las emociones también pueden cambiar la fisiología, por ejemplo, la relajación llega si se controla la respiración. Al descansar después de situaciones de estrés, se logra sentir alivio. La risa logra disminuir la tensión y un abrazo puede aliviar la tristeza.

    Las emociones y la comida, especialmente los carbohidratos, liberan endorfinas, serotonina y dopamina, disminuyendo la producción de cortisol. Entender las emociones también es fundamental en los procesos y relaciones sociales. También pueden ser indicadores de patologías o trastornos de personalidad.

    Las emociones positivas mejoran la salud, ya que ayudan a soportar procesos dolorosos, a controlar el miedo, la depresión y el estrés. Si las personas experimentan emociones de manera saludable, los cerebros logran funcionar mejor socialmente y tienen mayor estabilidad emocional.


Lee más sobre los efectos de las emociones:

Calixto, E. (2021). Emociones en el cerebro | Eduardo Calixto. Retrieved 1 May 2021, from https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/d6dac5c4-cfeb-425b-8bf3-4c6fd0c0bd98/emociones-en-el-cerebro

 

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    La música es un arte que ayuda a disfrutar de momentos, estimula a recordar hechos del pasado y sentir un sinfín de emociones. Esto se produce por medio de complejos mecanismos neuronales.

    Las áreas que responden directamente a la música son las de control y ejecución de movimientos. Una hipótesis dice que por esta razón se desarrolló la música fue para mover a la gente colectivamente, ya que, al moverse en conjunto, se tiende a actuar de forma más humana y unida.


    Los bebés tienen la capacidad de responder a sonidos musicales antes que a las palabras de los padres. Las melodías los relajan, por ejemplo, los niños prematuros logran dormir mejor al sentir los latidos del corazón de la madre o sonidos que los imitan.

    La música libera dopamina en el cerebro, generando placer. Estos estímulos dependen de un circuito cerebral subcortical en el sistema límbico, que crean respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales.

    El científico Robert Zatorre, describe los mecanismos neuronales explicando que una vez que el sonido llega al oído, se transmiten al tronco cerebral y de ahí a la corteza auditiva primaria; estos impulsos son necesarios para la percepción musical y su almacenamiento. La respuesta cerebral a los sonidos se basa en lo que se ha escuchado anteriormente, ya que el cerebro tiene una base de datos almacenada con los sonidos anteriormente identificados.

    La investigación que realizó el Instituto de Neurociencias Cognitivas, liderada por Lucía Amoruso y Agustín Ibáñez, comprobó que el cerebro constantemente trata de anticipar qué va a suceder. Existen circuitos en la corteza cerebral encargados de la percepción, codificación, almacenamiento y la construcción de patrones abstractos que representan sonidos o música escuchada previamente. Se obtiene una respuesta emocional cuando se construyen expectativas y la realidad de lo que ocurre difiere.

    La música tiene una gran relación con el lenguaje. El procesamiento del lenguaje es una función más centrada al lado izquierdo del cerebro, mientras que la música es procesada por ambos hemisferios. La música es un método de comunicación basada en emociones.

    En el área de salud, la música se utiliza para recuperar el funcionamiento cognitivo, físico, emocional y social, y ayudar a disminuir el avance de ciertas condiciones médicas. Por medio de la musicoterapia, se activan procesos fisiológicos y emocionales que estimulan funciones disminuidas o deterioradas del cuerpo.

    La música también se utiliza para el tratamiento de trastornos cerebrales y lesiones adquiridas ayudando a los pacientes a recuperar habilidades lingüísticas y motrices, ya que activa todas las regiones del cerebro. Estudios de neuroimagen demuestran que la música estimula conexiones en regiones cerebrales que involucran la emoción, la recompensa, la cognición, la sensación y el movimiento. La música facilita la distribución de sustancias químicas que generan estados de ánimos positivos y aumento de la excitación, que logran ayudar en la rehabilitación del paciente.

    Sin duda, la música estimula al cerebro y al cuerpo de formas incontables que benefician el bienestar físico y emocional.

 

¡Echa un vistazo a este video para aprender cómo funciona el cerebro de un músico!

¡Click Aquí!

 Lee más sobre los efectos de la música:

Manes, F. (2015). ¿Qué le hace la música a nuestro cerebro?. Retrieved 1 May 2021, from https://elpais.com/elpais/2015/08/31/ciencia/1441020979_017115.html

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